9 errores comunes de UX en tu web y cómo arreglarlos sin cambiar el diseño entero
Como bien sabemos, la UX (User Experience) puede marcar la diferencia entre una web de éxito y otra que sea rechazada en cuestión de segundos. Pero no todos los problemas recaen en el diseño visual o la estética en sí. En muchas ocasiones, se tratan de pequeños fallos que entorpecen la navegación y, por tanto, confunden al usuario.
Si esto nos ocurre, que no cunda el pánico. No es necesario rediseñar toda la página web a nivel estructural. En este artículo comentamos 9 errores de UX muy comunes y cómo corregirlos de forma efectiva y sin tener que cambiar por completo el diseño de tu web.
Por qué la UX falla
Todo sistema tiene fallos, pero no por ello está condenado al fracaso. Aunque se tiende a pensar que los problemas de UX surgen por la falta de diseño; en muchas ocasiones, los principales culpables somos nosotros mismos.
Nuestras cabezas llenas de ideas sin resolución desencadenan una serie de decisiones acumuladas que, con el tiempo, generan fricción entre ellas. Por ejemplo, cambios en la web sin validar, una arquitectura ampliada sin una estrategia clara o la priorización del negocio sobre el usuario.
¿El resultado? Un entorno digital que aparentemente funciona, pero no de la mejor forma posible. Por esta razón, la mejor opción es comprender por qué falla la UX, detectar esos puntos críticos y optimizarlos sin rehacer el diseño entero de tu web.
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Método rápido para detectar fricciones
Para detectar problemas de UX no necesitamos ser gurús tecnológicos. Muchas de las fricciones podemos identificarlas con una revisión rápida si sabemos dónde fijarnos. De esta manera, estos son algunos de los fallos que puedes analizar en cuestión de minutos:
Propuesta de valor confusa en el primer pantallazo
El mensaje principal de nuestra web debe ser claro y directo. En otras palabras, nuestro dominio debe responder rápidamente a preguntas como: ¿qué es esto? ¿por qué me interesa? Si un usuario no entiende durante los primeros segundos cuál es nuestra oferta, seguramente, optará por abandonar nuestra web.
CTAs que no destacan o no dicen qué pasa después
Los CTAs deben ser visibles y específicos. Un botón de acción genérico como “Enviar” o “Más info” puede generar dudas. Por ello, es mejor dejar claro qué ocurrirá al hacer clic en el CTA. Por ejemplo, si nuestra empresa se dedica a los campamentos de verano y el usuario desea descargarse el programa, pondremos: “Descarga el programa”.
Además, es interesante personalizar el mensaje del CTA. Es decir, utilizar esa segunda persona del singular para que el usuario se sienta identificado con el texto. Y es que, por ejemplo, no es lo mismo decir “enviar” que “haz tu propuesta”.
Jerarquía visual
Si todo tiene el mismo peso visual, nada destaca. Una web con un mismo tamaño de letra, color y sin ningún recurso visual, además de ser aburrida, no facilita la navegación del usuario.
Por ello, incorporaremos titulares, subtítulos y elementos gráficos clave que guiarán la navegación de forma natural y ordenada.
Exceso de opciones
Menos es más. Incluir demasiadas alternativas u opciones consiguen bloquear la toma de decisiones del usuario. En este caso, priorizar y simplificar las diferentes opciones ayudan al usuario a avanzar por la web sin fricciones.
Formularios demasiado largos
Al contrario que el anterior, un formulario extremadamente largo puede suponer un problema en nuestra web. Cada campo extra reduce la probabilidad de que el usuario complete la acción. En este aspecto, solicita la información imprescindible y, si es viable, divide el proceso en varios pasos. ¡Hay que simplificar los procesos!
Confianza débil
El usuario necesita motivos para creer en tus productos o servicios. De hecho, la falta de elementos como opiniones de clientes anteriores o casos de éxito puede generar desconfianza hacia lo que ofreces.
Para ello, acompáñalos con información clara sobre tu empresa, reduce la incertidumbre y facilita la toma de decisión.
Contenido ‘genérico’ que no resuelve dudas
Una web compuesta de textos vagos o poco concretos no ayuda al usuario a tomar una decisión final. En otras palabras, ante la duda, nuestros clientes optarán por no comprar nuestro producto o servicio. Por ello, nuestro contenido debe ser útil, de calidad, específico y orientado a resolver preguntas reales de nuestros clientes.
Velocidad y rendimiento
No hay nada peor que una web lenta. Esto genera frustración inmediata en el usuario, quien opta por abandonar nuestro sitio web. Para evitar esa lentitud, la clave está en optimizar los tiempos de carga. De esta manera, mantendremos la atención de nuestros clientes y evitaremos abandonos antes de tiempo.
Navegación y orientación deficientes
Toda web debe tener una clara orientación. Si un usuario no sabe dónde está ni cómo avanzar, seguramente, se pierda y se vaya. Una navegación clara y coherente, por muy sencilla que resulte visualmente, servirá de ayuda a que el usuario encuentre lo que busca sin esfuerzo.
Para ello, es imprescindible contar con una jerarquía lógica de contenidos, menús bien estructurados y etiquetas comprensibles. Cuanto más intuitivo sea el recorrido, menor será el rechazo y, por tanto, habrá mayor probabilidad de que el usuario encuentre lo que busca.
Cómo medir si el cambio funcionó

Una vez corregidos los errores UX, falta la otra mitad de nuestro trabajo. ¿Cuál es? Comprobar si realmente ha tenido impacto.
¿Cómo medimos si el cambio ha sido un éxito? Para ello, es fundamental que nos apoyemos en los datos obtenidos, no solo en las percepciones a simple vista.
En este momento, las métricas de la tasa de conversión, el porcentaje de rebote, el tiempo de página o la finalización de formularios serán nuestras KPIs aliadas. Estas nos mostrarán pistas claras para saber si la experiencia del usuario ha mejorado.
Para una mayor comprobación, los análisis cualitativos (mapas de calor, tests de usuario o grabaciones de sesión) nos permiten observar cómo interactúan los usuarios con los últimos cambios integrados. Al igual, pequeños tests A/B nos ayudan a comparar versiones y validar decisiones.
De esta manera, podemos tomar decisiones basadas en evidencias, descartando suposiciones y asegurando que cada mejora aporta un valor notorio a la experiencia del usuario.
En líneas generales, hemos comprobado que para mejorar la UX de nuestra web no siempre es necesario comenzar de cero y mucho menos, embarcarse en una reestructuración integral. Mediante un plan basado en la revisión de datos y de mejora continua, podemos transformar la experiencia de nuestros usuarios de manera efectiva.
Y a ti, ¿te ha parecido interesante este artículo sobre UX? Recuerda que en la academia de una agencia somos expertos en esta especialidad. ¡Infórmate en Wanatop Academy!


